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lunes, 29 de agosto de 2011

Esmeriladores de recuerdos.


por
Margarita Ego Saint Cónery


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Pervertido por tu ausencia el aire húmedo de Diciembre golpea con una adherencia cortante a mi ya de por sí aterida soledad, Margarita. Sin duda, la temperatura tiende a descender, a deprimirse si falta tu voz, el francés en ese cálido acento tuyo que parece acariciarme detrás de las orejas mientras hablas por hablar, por apoderarte de ese espacio concerniente al ruido blanco y la retrospección, quizá, como una tentativa por intercalar ambas soledades… Me haces falta. Hm. Cuanto pienso escribirte viene plagado de egocentrismo, de emociones proyectadas, otrora, en otros rostros, las cuales he detestado y ahora se vuelcan en un YO sorprendido de su propia naturaleza, bastante vulgar, débil, codependiente. Así, aborrezco confesarte lo mucho que te extraño, es más, no te extraño nada. Sólo me haces falta. Para nada hablo de ese vacío producto de la terca insatisfacción de los menesteres. Me refiero, más bien, al tiempo hueco. Los resquicios que solíamos aprovechar, las horas conclusas ya sin jugo bebidas en nuestras copas, distribuidas a lo largo de abundantes meses de creatividad. Tal vez, por ello, dejamos casi siempre pocas cosas en el aire, escasos motivos para extrañar.  No hay razón por la cual te extrañe, y sin embargo, desde aquella tarde en que llamé a la puerta del apartamento y fue tu roomie quien dejándome pasar a tu pieza para buscarte entre las sábanas de la cama rotundamente destendida, me puso al tanto de tu partida, anda tras de mí una exasperante necesidad de tu presencia. Me pasó por la mente la exigencia de una despedida. Pero no.

Sabes, en múltiples enumeraciones de las posibles causas he llegado a contestarme que volaste en pos de Jultomte y las luminosas navidades escandinavas. Te estimo a estas horas en Estocolmo. Parece que te veo y lo curioso es que imagino la escena como un todo, porque no conozco Estocolmo y tu recuerdo, tal cual, no es una imagen concisa, sino un conjunto de sensaciones -Y te veo-. Perdona si es así. Ahora verás: Creo que cada situación se preserva en los llamados buenos recuerdos; de todo buen recuerdo quedan, a la larga, sólo las impresiones. Es decir, sean desagradables o no, el desagrado propio del momento se pierde… ¡Pero no es tu caso! Era más bien el ansia desganada por desarrollar la idea. Quédate la explicación competente. Recordar de esa manera representa para mí la pureza, el pleno de la percepción propia que a fin de cuentas es el mundo entero. No existen los malos recuerdos en tanto vivan las impresiones, es decir, el instinto de conservación de nuestra memoria, la supervivencia del recuerdo sobre el olvido, en las impresiones. Los malos recuerdos son, en más de una forma, invenciones tergiversadas, un anhelo autodestructivo de volver a vivirlo (al querer corregirlo, por ejemplo). Las impresiones nos acompañan desde el primer momento. Muy bonitos conceptos, ¿Eh, Margarita? Empero, en mí traen consigo la más enfermiza melancolía: La que se aferra a ellos como a fetiches. Una sana melancolía (sí, hay salud en todo, incluso en la enfermedad) sería algo ambiciosa, una artesana del momento. Si no lo defino mejor es precisamente por estar inmerso en la oscura necedad de recorrer el mismo trayecto, todas las noches, siempre a las diez de la noche, de cuando solíamos caminar rumbo al estacionamiento del centro comercial en que aparcabas el dichoso sentra como una buena excusa para andar uno cerca del otro y lograr el mismo paso, la coordinación de silencios, miradas a ambos lados compartiendo mejor que nunca la luna y el hálito de tu cabello y mis manos apenas dispuestas a remar torpemente en el aire, encontrando alguna vez el roce con las tuyas. Si bien queda algo lejos de mi casa, no así del recuerdo. Y en esas me confirmo en tan sin igual propósito mecánico, el fin de atesorar ese magnífico recuerdo tuyo que poseo. Cada cuadra que piso corrobora de alguna manera la maqueta montada en mi memoria –me salió como oración de guía práctica, luego te explicaré-, la desarrolla al tiempo que crece el anhelo de alcanzar las siguientes calles, el fin del recorrido que es la encarnación del recuerdo trasplantado en la noche distinta,  la negación de su novedad, la anacronía del estacionamiento, el lugar sin tu coche, las gélidas dimensiones de un día distinto y su escandalosa obstinación de vivir otra experiencia carente de ti.

¡Ay! Margarita. Evidentemente mareado y hastiado de mi sola persona, harto,  en verdad, de esta conducta que no me es posible evitar, el único alivio conocido, si bien se siente como un síntoma más del fracaso,  es admitir esta necesidad de contarte, como siempre, la pesadumbre que voluntariamente llevo a cuestas, sin conocer mis sombríos fines, sobre los hombros.

De lo anterior, a lo más, concluyo lo siguiente: Nuestras acciones son una continua demanda de nuestros anhelos.

Aplicable tanto a locos como a cuerdos, a bohemios como a escandinavas en busca de ánimos para salir a la caza de nuevos recuerdos.

Au revoir.


SGM

domingo, 28 de agosto de 2011

El doble y otras manías.



Uno de mis hábitos tras  publicar una nota en el blog (aunque bien podría aplicar a cada nota que pueda publicar y ver en ese mismo instante en el ciberespacio) tiene a Ego en este instante con el rictus de un profundo desagrado. De no ser por esa mueca muy seguramente me saltaría encima como hacen las serpientes con su presa.  Éste hábito consiste simplemente en revisar, cual si fuera el primer borrador,  lo ya publicado. Si se trata de un poema no puedo evitar el conteo exhaustivo de cada sílaba, verso, estrofa, etcétera; Si de un cuento, lo entono con voz de quien no ha leído nunca. Margarita se golpea la sien y ante su incomodidad me inquieto también y para disfrazar ese hábito tan repudiado por ella me busco en google. Risa. Cómo no se me ocurrió antes (!). Encuentro un blog que hice long time ago y al pasar sus artículos me parto de risa. Margarita Ego Saint Cónery totalmente repuesta de su estado anímico se abre un espacio en mi silla para burlarse conmigo. Tras decirme, como bien lo había notado yo, que en ese entonces no sabía lo que hacía con un blog (y demás), de inmediato empezó una lucha por la posesión del ratón, acto seguido el cambio de página aleatorio del navegador. Mi regaño hacia ella fue opacado de forma prematura: soltó el ratón para llevarse ambas manos al vientre y destrozarme los oídos con su risa de cañón. Al abrirme campo visual apartando sus rizados cabellos, me di cuenta que teníamos enfrente el blog de Santiago García: escalador deportivo. Ella se moría, sin exagerar, sus carillos nunca se vieron más colorados - es decir, en carácter irrisorio- y su boca a esas alturas emitía un sonido similar al de las boquillas mal sopladas de las trompetas de la banda de guerra de alguna secundaria. Alargaría la estampa al tamaño del himno de dicha secundaria de manera intencional para que te des una idea de cuánto tardó Ego en decir al fin que ambos Santiagos éramos igualitos. Hubo comparaciones con las presentaciones de los ken (de barbi(e)), quejas hacia el budismo y razones para defender el raciocinio de Goliadkin en el doble, de Dostoievski. Lo que a mí me llamó la atención con especial escalofrío de mi colaboradora (la cual ya me da un codazo en las costillas por tal denominación) fue la nacionalidad de aquél Santiago García: Argentino. Y a mí la Argentina, vos sabés... De ahí que Ego vislumbrara una especie de correlación intrínseca universal o adaptado en cristiano como luego quiso explicarme, un cordón umbilical uniéndonos al vientre de mamá cosmos.

Le dio vuelo a esa idea formándose similitudes hasta por el tipo de letra (predeterminadamente Arial de seguro) que usamos en cada post  al pasar de uno a otro con sus burlas. Primero por las metidas de pata de mi tocayo en sus notas, luego de mi vano intento por estar en forma, pasando por nuestros cortes de cabello (ninguno) y sin dejar de mencionar el gusto por llevar el torso descubierto. Ya me podía imaginar que tanta risa le daba la luz de la vida a uno  de sus cuentos y, borrando la nota que había publicado me di a la tarea de encontrar a todos los Santiago García de la red para pasarle algunas correlaciones más interesantes. Encontré músicos, abogados, un escritor chileno, y una entidad con una foto de perfil de un alce pastando. Con éste último comparto, en mayor medida, una nostalgia fraterna.



oooOOOooo

Anexo de MESC:

viernes, 26 de agosto de 2011

Cantos paganos a la bisutería literaria


(por Margarita Ego Saint Cónery)


Rosas sobre la mesa,
no sobran velas
¿Dime dónde está el amor?

ooo

El único cuaderno
que no te nombra
ése  te pertenece.

ooo

Al primer engarce
Soneto

Más que una casa destruiste esta noche
 haciendo de escombro y fuegos derroche
cimientos y jardín volviste trizas
y en pie no quedan de alcatraz cenizas

Se perdió ya el lugar para la fuente
sótano y acera desnudos de frente
comparten con ella un celeste vacío

la luz de una estrella que saltó de hastío
que fijo  mirabas tan serio y herido
de rodillas fumando un cigarrillo
consumado todo cuanto has querido

No dejaste hoy engarzado algún anillo
un mensaje traía el fulgor diamantino
no querías la casa   sino el camino

miércoles, 24 de agosto de 2011

Toma cuatro


Combatimos con risas y lluvia de bolitas de papel bond la frustración del no poder escribir lo que se quiere decir al tercer intento. Ego tose un "ya, ya" que  bien pudiera ser un reclamo para cesar de escribir. Para mentes tan tercas imposible. Apenas acabamos el aliento repasamos los apuntes corrugados no tanto por compresos como por inconsistentes. El primero es mío, es una carta que lleva las intenciones de no parecer un justificante psicológico con motivo de mi negligencia para el blog. Trataba en ella de exponer mi punto de vista acerca del punto de vista mismo. Me da risa. Con cautelas de adulto aplicado trataba de evitar argumentos infantiles para que mi negativa a dar una crítica cualquiera no llegara a tornarse un berrinche de niño miedoso. Grave error, todo adulto aplicado es en el fondo un niño miedoso. Así, las palabras que apilaba  me fueron creando un vértigo tal que aferrado a su cima admití que lo era, que todo era una niñería y todo se veía tan tonto desde allí y ya no me importaba. Dicho sea de paso no era una cima tan alta, ya aquí abajo (bajo el escritorio, buscando un trozo de nota) llego a pensar en los toboganes de mi infancia. En fin, todos sabemos lo que ocurre con esos toboganes.  Oh, nostalgia y desilusión...

El siguiente intento era un cuento de Ego. Pensando que no te sorprendería que la espontaneidad de nuestro regreso te plantara de pronto en materia fantástica puso manos a  la obra con una historia que llamó "Acto Reflejo".  Allí, bajo la mirada familiar de un chico desconocido, Joseline, una aspirante a instructora, viaja en autobús por las calles de Madrid donde una conjunción de acciones intempestivas le dan a entender que a raíz de todas ellas un suceso determinante está por ocurrir.  Terminada está su redacción pero no alcanza la satisfacción de nuestra Ego, ni le alcanza la pluma para tanta mordida. Me permití escribirte al respecto pese a su insistencia en arrebatarme la nota. Conociéndola, así lo termina.

El último apunte fue mío. En él narraba mi regocijo al terminar la labor de diseño de este blog y cómo la madrugada nos llamaba a salir cantando Yoshimi Battles the Pink Robots (Pt 1) de casa en casa para celebrar. Ego me regañaba por mi falta de apetito y mis dietas de dos cigarros diarios con medio litro de coca-cola, mientras la convencía del poder de la abstinencia y la renuncia a las necesidades mundanas. Me llevaba ya el cigarro del triunfo a la boca cuando ella, con mirada inmutable, me preguntó ¿Y el contenido?

A partir de ese momento empezaron a condensarse los papeles y las ideas.

Aquí las tienes, tal y cómo deben decirse.

martes, 23 de agosto de 2011

A la náyade de mi vaso con agua



Ella me toca solo con el llanto,
quebranto de razones y retrasos
como pasos que extienden la marisma
por el prisma insidioso en que me invade:

Náyade al fin, con lunar agridulce,
quizá pulse su dedo en mi mejilla
alentando la cosquilla del rocío
de un beso tardío que no ha de tocarme.

Alarme la nube su mirar de cielo
hielo habrá de posarse en la garganta
si levanta de náufraga su aliento;

intento -¡de veras!-, zafarme de oídos
pero abolidos mis brazos a ella voy            
su presa soy y de tan poco me basto.

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SGM

viernes, 22 de julio de 2011

De las manecillas entre la Fama.




Fotografía de Laura Fernández
(Fotografía por Laura Fernández)

 Cuando se cuentan las horas siempre va uno tarde. Tal era el pensamiento que me invadía minutos antes de ver llegar al maestro Nérvinson y a Laura al obelisco, de donde partimos rumbo a la Fama. En un lapso de tiempo relativamente corto ya dejábamos atrás el teatro de la ciudad y caminábamos por la senda de la plaza que da a la casa de la cultura. Eran, de acuerdo al reloj, las siete con diez de la tarde. Me acomodé en el marco de la puerta para desquitar el humo de dos cigarros que me faltaban para asentar la emoción contenida al arribar la audiencia, que me miraba sin saber si saludar antes de dar un paso al frente o invitarme a entrar con ellos . Entré tras Esther y Luis. Un momento más tarde nos tomamos un par de fotografías grupales, las cuales llevan la evidencia de que no logré hallar nunca el foco de la toma. Antes de que pudiera encontrarlo ya era hora. Nos adentramos al salón bajo la incandescencia de sus luces y una ventana que mostraba todavía las de la calle cuando Nérvinson tomo asiento a un extremo de la mesa, le seguí yo, junto a mí, Esther, al otro extremo Laura; no muy cerca de ella una bocina, René, un cuadro, una persona, un cuadro, persona y el flash de una cámara me interrumpió la cuenta y con ello reparé en la interferencia del micrófono, desvanecida ya por la voz de René que anunciaba nuestra mesa de lectura como la mesa de la regia cartonera. No pude esconder mi júbilo cuando tales palabras acabaron de pronunciarse y como consecuencia solté algo entre un alarido y un aplauso, que me reservé en gran medida porque Laura empezaba ya su relato “beso deforme” y con él la transformación de aquel hombre que durante el cuento me hizo trasladarme de la mesa a su sanitario, a la que solo logró devolverme la cantidad de audiencia que como yo, manifestaba su estupefacción. El turno de Esther no fue menos grato, al hacernos partícipes de su poemario “la doncella negra” , "La historia de la trayectoria de un cuerpo" y me quedaba pidiendo más ya con el micrófono en la mano y una interferencia distinta provocada por mi aliento al leer “Lo que sé de ella” que por supuesto cesó cuando llegó el micrófono a manos del maestro y su poemario “Dub-Sar”, y la ovación del público nos preparaba a una recepción de vino tinto, literatura y la noche que vino a ser degustada justo a tiempo.


(Sitio de las veladas literarias desde el poniente)





 

Agradecimientos

Quiero agradecer en este espacio a todos los colaboradores que han hecho posible la continuidad de este blog: A Celia León por realizar la portada de las últimas entregas de "El lado de Escila", a Echi por compartirme su gusto por la fotografía y a Ego, por procurar que no falte la coca-cola en el refrigerador.

Y también a ti, lector, compañero, confidente y escucha, que nuestra complicidad no termine antes del fin del mundo.

Toma un respiro

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