La mueca de Santiago expresa amargura. Su mirada se clava en mi brazo, una vez me dijo que era demasiado blanco para ser cierto. A lo mejor mi tez le permite concentrarse mejor, porque esa mirada anda en otras profundidades, recuenta minuciosamente su día, dándole vueltas al momento en que su mueca era otra, una sonrisa que en su cara solo quiere decir "¡lo tengo!". Pero no, no lo tiene. Trata de recordar el cuento que creyó lo iba a esperar hasta el momento en que pudiera llegar a su escritorio para transcribirlo. No es la primera vez que pasa, ni la última, sin importar cuantas libretas acumule y cargue consigo. De alguna manera, me reconforta. Cada cuento olvidado me da la oportunidad de recibir esa mirada.
En fin.
Por si acaso la primera parte de nuestra presentación apócrifa del libro te quitaba el sueño, adjunto la segunda parte, en donde se narra la conclusión de la tan sin igual aventura, ya en el transcurso comprendido entre miguel alemán y el centro de monterrey. Esperamos que resulte de tu agrado, que, si se me permite ser jactanciosa, esta presentación es en mi opinión uno de los mejores trabajos que hemos hecho juntos.
Vale.
Ego.
Stig Dagerman - Como una piedra en la arena
Hace 5 horas







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