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jueves, 2 de mayo de 2013

de Ego y su taller de dibujo


Como ya están enterados -¿Segura, Ego? ¿de qué forma?- Hm... Como ya están enterados, en la medida en que ustedes y nosotros existimos en una especie de intuición atemporal...(¿Te parece?)  -Suena mucho mejor- Santiago y yo nos hemos dedicado estos dos últimos meses a aprender todo lo que podamos sobre el dibujo con grafito. El detonante fue tan curioso como novelesco, pero eso ya lo contaremos precisamente así, en un cuento, una novela. 

Algo que nos llama mucho la atención es el poder que tienen hoy en día las artes visuales. A lo mejor siempre ha sido de esa manera pero para nosotros este descubrimiento está lleno de novedad: No faltan los amigos que nos piden su retrato, los que miran con asombro el grafito como queriendo tocarlo y me miran a mí, luego al papel, luego a mí y otra vez se quedan absortos y boquiabiertos. -Modestia aparte, ¿eh?- (Sí)

Esto pone en un dilema a Santiago, no sabe si complacerse o encabronarse. Se complace, claro, en el gusto de sus amigos cuando se llevan de regalo una pieza, pero le encabrona una reflexión que lleva años desarrollado: el arte reducida a la practicidad, pero una practicidad consumista, de escasa calidad artística. Claro que hay excepciones, dice, las hay, las hay...¿pero las personas son capaces de discernirlo? Y se queda pensando, muy callado.

Esta foto resume muy bien las obras más importantes de los últimos meses. Santiago sostiene un retrato que me hizo.

-Ego

sábado, 9 de febrero de 2013

Presentación apócrifa de la obra "El temor a la monarca" II

La mueca de Santiago expresa amargura. Su mirada se clava en mi brazo, una vez me dijo que era demasiado blanco para ser cierto. A lo mejor mi tez le permite concentrarse mejor, porque esa mirada anda en otras profundidades, recuenta minuciosamente su día, dándole vueltas al momento en que su mueca era otra, una sonrisa que en su cara solo quiere decir "¡lo tengo!". Pero no, no lo tiene. Trata de recordar el cuento que creyó lo iba a esperar hasta el momento en que pudiera llegar a su escritorio para transcribirlo. No es la primera vez que pasa, ni la última, sin importar cuantas libretas acumule y cargue consigo. De alguna manera,  me reconforta. Cada cuento olvidado me da la oportunidad de recibir esa mirada.

En fin.

Por si acaso la primera parte de nuestra presentación apócrifa del libro te quitaba el sueño, adjunto la segunda parte, en donde se narra la conclusión de la tan sin igual aventura, ya en el transcurso comprendido entre miguel alemán y el centro de monterrey. Esperamos que resulte de tu agrado, que, si se me permite ser jactanciosa, esta presentación es en mi opinión uno de los mejores trabajos que hemos hecho juntos.

Vale.

Ego.

domingo, 3 de febrero de 2013

Presentación apócrifa de la obra "El temor a la monarca" I


-No hace falta nota introductoria.
-¡Ego, por dios!
-Bien.

 Adjuntamos la primera parte de la crónica de las aventuras acontecidas en un autobús, durante la presentación del libro "El temor a la monarca". Te sugerimos hacer caso omiso a toda seriedad. Esto lo aclaramos debido al descontento familiar con que fue recibida esta crónica en sus primeras presentaciones. No faltó un solo pariente ofendido al no ser invitado, alguna llamada de amarga felicitación por la presentación de un libro que en realidad, como dice Santiago, continúa en fase beta. Aclarado este punto, ya encaminado el ratón, solo nos queda desearte buen viaje.

-¿Buen viaje?
-Sí, ya sabes, por la lectura, el autobús, todo eso...
-Si tú dices...

Laberinto

Este cuento es producto del taller literario que realizamos Ralo, Santiago y una servidora, allá por el 2009.  Ralo lo contó de una manera, Santiago lo escribió de otra. Cabe aclarar que los comentarios adjuntos en una nota al pie son discusiones entre nosotros que creímos -la creación estaba a todo lo que da, que no era mucha, salta a la vista- parte indispensable de la obra.

Espero(amos, porque cuando se enteren que lo he publicado es lo menos que esperarán, en tanto espero yo, además, no ser aterrorizada por estos colegas, capaces de colocar arañas de plástico en los terrenos más insospechados como su mejor venganza), esperamos que sea de tu agrado.

Tu cómplice

domingo, 6 de enero de 2013

"Vive tu día como si fuera el último"



El siguiente es un fragmento de la carta que Santiago me escribió en año nuevo, a raíz de mi tendencia a sentirme alegre en las vísperas.

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La frase más recurrente en estos murmullos que giran en torno al año nuevo es sin duda el pensamiento "sé feliz y vive cada día como si fuera el último". La primera parte de la frase, para mí, es cuento de nunca acabar. Me he detenido hoy a pensar en el "vive cada día como si fuera el último"  y llego a creer que se ha tergiversado tanto esa expresión, al punto que me parece bastante mediocre. Vivir cada día como si fuera el último, además de contradictorio (¿Cómo habría un "cada día" si el día de hoy es el último?) me habla de un mañana sin previsión. Ya que el mañana, si lo hay -pero según la frase no lo hay- estaría regido por la misma filosofía: como si fuera el último. Creo que esa filosofía acorta la vida. No solo porque la reduce a un lapso de 24 horas, principalmente por el modo en que plantea vivirlas. Aquí entra lo personal. Pero no me negarás que las personas entienden el último día como una oportunidad para hacer todo lo que nunca se atrevieron o consiguieron hacer los días anteriores. Siendo así el último día correspondería a la última oportunidad de hacer las cosas que en días anteriores no se hicieron. La acumulación de todas ellas en un solo día supone un exceso. El último día sería un día lleno de excesos. Esta filosofía hablaría entonces de vivir día a día un día lleno de excesos.  Pero esto no se lo tienen qué repetir dos veces a la gente. En fin. Ahora vamos por la paradoja:  Si esta filosofía se repitiese día con día, de tal suerte que la primera vez que esta fue aplicada se realizaron todas las cosas que quedaron pendientes antes de ese último día, al día siguiente ya no habría cosas pendientes por realizar y, siendo también ese día un día que hay qué vivir como si fuera el último.... ¡sería un día sin nada qué hacer! ¿Empezarías algo nuevo el último día de tu vida? Supongamos que sí, que empiezas algo nuevo ese día ( y cada día que es el último día) ¿lo terminarías? supongamos que sí, ¿no querrías empezar algo nuevo ese día? supongamos que sí, que lo terminas... En suma, querrías hacerlo todo, absolutamente todo en la historia de la humanidad. Imposible hacerlo todo en un solo día. Al final del día que es el último día de tu vida te  sentirás cansado y mediocre, con tantos asuntos sin terminar... Y es así, justo esa es la sensación que pone en evidencia el verdadero significado de esa frase.

Esa frase encierra la filosofía del vivir al día. Por vivir al día estamos jodidos, ignorantes y endeudados. Al creer el día como el último día nos preocupamos por una sola cosa: sobrevivir.
Sin detenerse a mirar (¿pero cómo, qué no ves que es el último día?) que la única manera de preservarnos está en aportar nuestro conocimiento a la humanidad. De no pensar así se destina uno a desaparecer más rápido que el polvo en la tierra, con todo y su felicidad tan ambicionada.




 

Agradecimientos

Quiero agradecer en este espacio a todos los colaboradores que han hecho posible la continuidad de este blog: A Celia León por realizar la portada de las últimas entregas de "El lado de Escila", a Echi por compartirme su gusto por la fotografía y a Ego, por procurar que no falte la coca-cola en el refrigerador.

Y también a ti, lector, compañero, confidente y escucha, que nuestra complicidad no termine antes del fin del mundo.

Toma un respiro

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