Indiana JOnes, linK, lARA croft.
Lo sé, pareciera un gamer muy pop. Desde que lo digo así, gamer...
Pero ya entrados en materia, Jokara también fue recobrar, de una forma nostálgica, la historia que me hizo escritor (recordad que la primera palabra que dijiste pudo ser padre, o popo o bua buá). Era una fantasía con dragones,castillos armería medieval y toda la cosa. En este universo nació Daún, un pobre infeliz que conocí cuando construía, sin descanso, una biblioteca encantada donde ejemplares de autores también inventados, de nombres sospechosamente inpronunciables, saltaban en la cara menos precavida. Este chico se coló una noche siguiendo una lagartija hasta mi lecho, que no era otra cosa que dos sillas de ébano mal alineadas y muy separadas una de la otra, tanto que este chico no se percató de mi cuerpo al querer atravesarlas, mandandome al duro despertar del piso. Nunca se supo más de la lagartija. Daún la buscó durante toda su infancia y es que el chico era idiota, inquisitivo pero idiota. La últimavez que nos vimos, harto yo de aquel reino de monadas e inconsistencias, era ya un muchacho, igual de enclenque, y tan bobo que entraba ese mismo momento a la academia militar de su triste reino con ilusiones de aprender el sacro oficio del soldado. Intuía donde iba a terminar.
Pasaron cuatro años más para que esa nostalgia traicionera me inclinara a hojear el cuaderno de las adolescencias, bajo la excusa de impregnarme de las experiencias juveniles. Sueno como un viejo, pero mi nostalgia lleva esa voz. Fue como me enteré que Jokara era tataranieto de Daún, que, como lo suponía, Daún llegó a sobresalir en ese reino, convirtiéndose en el más grande domadragón de su era, el dragón del sol que tanto anduve buscando en su tiempo. Era el dragón lo que le quemaba las entrañas, donde yo diagnostiqué gastritis. Me pregunto cuánta leche de magnesia se requerirá para matar un mal de esos, pero en bueno, este dragón insoportable encarnaba en sus decendientes, según una vieja leyenda no incluida aquí por su inutilidad para explicar que Jokara, al igual que yo, ignoraba también el porqué del ritual anual, el festival de la ya constituida Bendebión. Y a decir verdad ni le interesaba, tan metido como estaba en la caza de los últimos domadragones que, para su incredulidad, llegaron a Bendebión para frustrar el ritual e, inquisitivo como su tatarabuelo, aventurero como su nombre, fue, sin pensarlo, en pos de ellos.







