Uno de mis hábitos tras publicar una nota en el blog (aunque bien podría aplicar a cada nota que pueda publicar y ver en ese mismo instante en el ciberespacio) tiene a Ego en este instante con el rictus de un profundo desagrado. De no ser por esa mueca muy seguramente me saltaría encima como hacen las serpientes con su presa. Éste hábito consiste simplemente en revisar, cual si fuera el primer borrador, lo ya publicado. Si se trata de un poema no puedo evitar el conteo exhaustivo de cada sílaba, verso, estrofa, etcétera; Si de un cuento, lo entono con voz de quien no ha leído nunca. Margarita se golpea la sien y ante su incomodidad me inquieto también y para disfrazar ese hábito tan repudiado por ella me busco en google. Risa. Cómo no se me ocurrió antes (!). Encuentro un blog que hice long time ago y al pasar sus artículos me parto de risa. Margarita Ego Saint Cónery totalmente repuesta de su estado anímico se abre un espacio en mi silla para burlarse conmigo. Tras decirme, como bien lo había notado yo, que en ese entonces no sabía lo que hacía con un blog (y demás), de inmediato empezó una lucha por la posesión del ratón, acto seguido el cambio de página aleatorio del navegador. Mi regaño hacia ella fue opacado de forma prematura: soltó el ratón para llevarse ambas manos al vientre y destrozarme los oídos con su risa de cañón. Al abrirme campo visual apartando sus rizados cabellos, me di cuenta que teníamos enfrente el blog de Santiago García: escalador deportivo. Ella se moría, sin exagerar, sus carillos nunca se vieron más colorados - es decir, en carácter irrisorio- y su boca a esas alturas emitía un sonido similar al de las boquillas mal sopladas de las trompetas de la banda de guerra de alguna secundaria. Alargaría la estampa al tamaño del himno de dicha secundaria de manera intencional para que te des una idea de cuánto tardó Ego en decir al fin que ambos Santiagos éramos igualitos. Hubo comparaciones con las presentaciones de los ken (de barbi(e)), quejas hacia el budismo y razones para defender el raciocinio de Goliadkin en el doble, de Dostoievski. Lo que a mí me llamó la atención con especial escalofrío de mi colaboradora (la cual ya me da un codazo en las costillas por tal denominación) fue la nacionalidad de aquél Santiago García: Argentino. Y a mí la Argentina, vos sabés... De ahí que Ego vislumbrara una especie de correlación intrínseca universal o adaptado en cristiano como luego quiso explicarme, un cordón umbilical uniéndonos al vientre de mamá cosmos.
Le dio vuelo a esa idea formándose similitudes hasta por el tipo de letra (predeterminadamente Arial de seguro) que usamos en cada post al pasar de uno a otro con sus burlas. Primero por las metidas de pata de mi tocayo en sus notas, luego de mi vano intento por estar en forma, pasando por nuestros cortes de cabello (ninguno) y sin dejar de mencionar el gusto por llevar el torso descubierto. Ya me podía imaginar que tanta risa le daba la luz de la vida a uno de sus cuentos y, borrando la nota que había publicado me di a la tarea de encontrar a todos los Santiago García de la red para pasarle algunas correlaciones más interesantes. Encontré músicos, abogados, un escritor chileno, y una entidad con una foto de perfil de un alce pastando. Con éste último comparto, en mayor medida, una nostalgia fraterna.
oooOOOooo
Anexo de MESC:







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