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viernes, 9 de diciembre de 2011

Galería de García Monterrey

Sueño de una luna de veranomensje para EgoNo querías la casa sino el camino.Cinco semanas sin agualos equilibristasGalaxia de sal
Homenaje al Quijote en mi patioMacro IMacro IIMacro IIIBajan!logoblog

La galería de garcía monterrey en Flickr.
Se trata básicamente de plasmar mi visión del mundo en las dimensiones de un clic. Muy soberbio sería decir que los pixeles, el zoom, el género no dan abasto a mi cosmovisión. Y torpe. A veces una palabra, un gesto que la articule a medias lo dan por bien servido. Popó. Esa sería palabra.

jueves, 8 de diciembre de 2011

de Tulio y la primera clase o "Reflexiones de cigarro I"


Dos meses y corriendo van que no he cortado mi cabello. Nunca he boleado estos zapatos y mi chaqueta de cuero se ha rasgado por la propia aspereza de su falta de lavado. Fumo un cigarrillo a las ocho de la mañana. Este fresco por sí solo me hace mal. Pero  importa un pito. La chica que me mira siempre pasa ahora a la cafetería y una vez más su mirada se desvía a un punto opuesto a la mía, dedicándole toda la seriedad posible mientras se aleja. Me pasa por la cabeza un sentido de culpa, me encontró fumando. ¿Y qué? Hace tiempo que me encuentro así, podría decirse independiente.  No tengo chica ni ánimos -o el suficiente coraje- para salir a buscar otra. En lugar de ello he acumulado inconcebibles sumas de dinero a partir de lo que no gasto en restaurantes, salas de cine, regalos de aniversario y tarjetas telefónicas. Una cajetilla de cigarros, refresco, algún libro y pocas vanas excentricidades son todo lo que necesito para estar en orden.
El tiempo, ese sigue siendo corto y voraz. Se me escapa tras pequeñas cosas, sin ir más lejos, dándome razones por las cuales la chica que ahora pasa de regreso, con su cabello ondeando como si yo no existiera -me parece que precisamente porque existo la prisa de sus pasos lo hace bambolear- no puede ser para mí. Hay muchas, y todas me dan para torturarme de lo lindo. Es así que contemplo los días pasar en una serie de líos y depresiones que son solamente mías. Y esa posible tristeza es el oscuro gusto de sentirse con uno mismo. Es ese mismo el verdadero encuentro entre el escritor y su obra.

domingo, 4 de diciembre de 2011

Mis intentos fotográficos

Afuera el cielo me impide sacarle las estrellas. Son 16 grados de una noche que me atrapa con resfrío y es así que la falta de creatividad (bastante recurrente en las paredes de mi cuarto que me abofetean con el reflejo de un foco de cien watts) soplada en mi pañuelo me da oportunidad de organizar mis fotografías. Soy nuevo en este arte. No pretendo ser el mejor. Leíste bien, no el mejor y sin embargo quiero que cada toma resulte bien hecha. Esto es, que quede de la manera que la concebí. ¿Te fijas qué paradoja? Bien, de momento mis creaciones van muy agarradas a la teoría, al lomo de la academia. Aún así, he creado este espacio para compartirlas contigo:



en flickr

Espero sean de tu agrado y tanto mejor si no, mientras puedas regalarme tu opinión.

miércoles, 30 de noviembre de 2011

Sobre el hipo

Puede llegar a medio vaso con agua, en plena junta corporativa sobre la estandarización de los procesos de implementación de mejoras o al encogernos sobre la rodilla para atarnos la agujeta, le da igual, ciertamente, en qué momento nos encuentre hic!, llega y nos empuja, nos saca del café con leche al sumergirnos la nariz, nos lanza el cigarro de la boca para obligarnos a prestarle atención, esperando el próximo coscorrón imprevisible. Quizá se haya ido o nos espere a la otra vuelta, la sensación de su presencia persevera en la boca del estómago, un peso tanto más grande que la concentración que nos abruma. Todos sabemos, creemos saber cómo ponerele fin al asunto. Nos han contado tantas maneras, nos vienen otras muchas a la mente porque pensamos conocerlo. Apretamos los puños. Impotentes. El problema no es él, no siempre el mismo, tenemos la certeza de que otro vendrá en su lugar. Lo cierto es que te lo cuento mientras espero su regreso.

lunes, 21 de noviembre de 2011

Tuliada

-¿Las volteo a ver, amor?
-Ah...
-Pero bien mirado no las veo por ellas, sino por la categoría que aparentemente ostentan. Las miro por el maquillaje; A esa, por las luces de su cinto bajo la cadera que es como cualquier otra cadera que en nada se compara con la tuya.
-(Gina halagada)
-Óyelas...fascinadas por un libro-agenda con espacio para sus notas y pluma de franbuesa. Óyela reír a la más delgada, parace un gato pisado eternamente. En fin. Te miro a tí y a tu manera de confabularte contra la belleza.
-(Gina no sabe si golpearlo o sonrojarse)
-Tú te obstinas en ser una pendeja, ellas lo hacen inconcientemente.

viernes, 4 de noviembre de 2011

Entre damas inglesas.

 

-Te urge una reina.
-Lo que me urge es escribir poesía. Lo siento. No soy un poeta, Margarita. Y lo peor es que declararlo me pone entre los poetas que se dicen lo mismo y ni siquiera a esos les llego a los talones.
-Ya te tengo. Acuérdate de aquellos aforismos: quien huye de su propia huida, ése es el poeta.
-¿Dónde había oído eso antes?
-Debiste verlo en el libro de Gloria Gómez Guzmán.
-¿Cuál? Oh, ya recuerdo.
-Qué memoria.
-No pienso moverlas; solo leo poesía antes de acostarme y de Neruda, Vallejo, Darío, Sabines, Baudelaire, Benedetti…Aunque me obligues, vaya, en menos de dos movimientos.
-Sor Juana.
-Canija. No paso - por favor pasa-, no paso de esa superficie poética. Los leo repetidamente, como cuando me da por escuchar cientos de veces seguidas el mismo track. Toma, pues ya qué.
-Coróname.
-Parece que estoy siguiendo tu juego. Es un juego absurdo.
-Cuando no ganas.
-Las combinaciones son pocas en un juego como éste.
-Tantas como te permita tu falta de creatividad.
-Le pegaste. En materia de poesía también pienso que todo ya se ha inventado, además mi sentir está muy viciado con el sacro amor holliwoodense. Para nada soy un poeta si pienso así, lo digo como laico cuentista.
-Apenas eres un lacónico bohemio con tendencias a la autocompasión y el esparcimiento lírico.
-Bucólico, si quieres, por hallarme tan cómodamente en este rancho.
-Mueve…
-Realmente me queda un movimiento útil. Sabes, precisamente siento lo mismo al hacer un poema. Me asalta en cada verso que escribo la imagen de un barco hundiéndose lentamente, en el que encuentro que cada verso que escribo es un intento por sacar el agua, sin esperanza de sacarlo a flote. Pero de un momento a otro acabo por ahogarme. Bien, una reina más es una ficha menos.
 -Tú habla. No pasará en el tablero algo que no sepas. Prolonga el juego y con ello tu dignidad  o entrégalo cobardemente. Las fichas agazapadas a los extremos son un reflejo de tu idiosincrasia.
-Algo muy parecido ocurre con la entrega. Entregar un poema dedicado me viene como entregar un trozo manifiesto de uno mismo. ¿Qué tal?
-Un movimiento inteligente. Cobarde, pero inteligente. Claro que es así, como casi todo gesto artístico. Supongo que le estarás dando otro sentido. ¡Ah, verdad!
-¡Acechadora! Sí, lo digo con cierto pesar. Lo que he entregado hasta ahora pasa a ser el frágil gesto de un alma que hace méritos para recibir un puntapié. Este puntapié no sólo de carácter físico, sino también sentimental, hasta moral, ¿por qué no? A los otros ojos, el poema pasa a ser una tentativa de ganarse patéticamente su  agrado.
-Apelar a los sentimientos  cuando no se tiene el valor de pedir las cosas en lenguaje corriente. Muy bien pero ahora estás expuesto.
-Fue lo mejor que se me pudo ocurrir; Supongo que quien lo recibe se da por ofendido por ese instinto de supervivencia, ante la amenaza de ese poeta que trata de doblegarla (ya estoy hablando de mujeres) exponiendo su propia debilidad.
-Qué tontería. ¿Es que no quieres perder? Esto puede durar para siempre; Es triste pero cierto. Como si hacer un poema fuera cosa sencilla. Si existe algo de cobardía se justifica si el producto llega a ser un buen poema.
-Volvemos a lo mismo.
-Es cierto. Y la verdad es que no se justifica. A nadie le gustan los peleles. Es bueno que luches, liebre acorralada.
-Tan acorralado estoy que casi llego a la corona y tus dos reinas hasta ahora no han sido de provecho. Te va a pasar lo que a España.
-¿Qué?
-Bueno, España es un amigo mío que…En fin. Un poeta casi siempre es un pelele, aunque sea de clóset. Son los falsos poetas quienes han viciado ese romance poético que los poetas jamás pidieron.
-Ahora resulta. De todas maneras la poesía ha muerto.
-No ha muerto, una ficha menos, pero el juego no se acaba como tus ideas. Las personas han tratado de erradicarla de sus días, hoy en día están vacunadas contra los poetas. Dos fichas menos pero…
-Te quedaban tres.
-Intentaba cansarte.
-Como los poetas.

-Como los poetas.



lunes, 31 de octubre de 2011

Escribano Cuentón


La siguiente carta se trunca  con la súbita decepción que me causó el no encontrar a mi maestra de primaria.
oooOOOooo

Las calles rayadas de sol como las que ahora empapan la piel cuando uno camina o espera el autobús -ése trozo de intemperie móvil- me hacen recordar al cerrar los ojos y ver ése tono de realidad colorada, un ejercicio de respiración que usted en tiempos de mi infancia y quinto año de escuela primaria nos aplicaba para serenarnos. La clave de la paz consistía en encontrar manchas de luciérnagas verdes en un cielo de párpados azul rey.

Es fecha, profesora, que sigo buscando esas manchas verdes en mi vida, aún en este instante que me siento a escribirle y me parece que una mancha verde va siendo usted y sus métodos de recién egresada. ¿Se acordará de mí, maestra, tan claro como yo de usted ahora? Posiblemente, puesto que yo de usted me acuerdo a través de las cosas que funcionaron a manera de pauta en mi vida. Tal vez no reconozca a ciencia cierta mi rostro, ni yo el suyo, pero bien puede que un disparo de ternura le ilumine (vaya, si habría de merecerlo) esa noción de una alumna que fuera a reclamarle a su escritorio que un chiquillo no cesó de molestarla. Ella se llamaba Marisol y tenía unas pecas que en su rostro me daban antojo de nieve con chocochispas. Ése día más que nunca y no era por hambre sino por el tamagochi en mi mano que de pronto captó toda su atención y yo estaba aterrado de tal manera que molestarla fue mi única opción para volver a mi rincón donde la miraba peinarse el cabello con el lápiz y me la imaginaba en una vida fuera de la clase. ¿Jugaría ya a tener novio? No supe y antes de averiguar completamente que a los tamagochis ya me burlaba de esas pecas adoradas, ella frente a su escritorio y yo caminando con el mentón apachurrado sobre la corbata de broche. ¿Porqué la molestas, Santiago? me preguntó y yo decía que sus pecas eran así como ella dijo. Usted me regañaba pero no me castigó, dijo, vete a tu lugar y ya no le digas cosas. Marisol ya no me habló desde ese día. Quién sabe, aún ahora, a veces me da por plantearme su vida actual, como la de tantos otros amores frustados. Tal vez ya se acuerde, maestra, y lo que sentimos esa mañana (su ternura de maestra y el regaño) sea hoy en día nuestro contacto común con los rostros, los lugares y las cosas. Es algo que el tiempo y los descuidos no podrán llevarse de nuestra memoria, por más que esta camine a través de grupos y generaciones, graduaciones y secundarias, títulación y demás anexos curriculares. Aún en mis primeros años de secundaria me acordaba de usted, y usted de mí. Le preguntaba a mi madre por mí cuando pasaba por mi hermana, que también estuvo en su clase y para su desgracia individualista se le anexaba el titulo de "la hermana de Santiago". Cuando usted y yo nos encontrabamos entre la marabunta me saludaba con la mano extendida y yo finjía no reconocerla. Fíjese, ya llevaba algo de caballero maldito. Pero bien lamentaba a cada nuevo grupo no fuera usted mi maestra. Tanto si lo decía por las tareas o el trato para con los otros maestros, ambos asuntos se me fueron complicando.
 

Agradecimientos

Quiero agradecer en este espacio a todos los colaboradores que han hecho posible la continuidad de este blog: A Celia León por realizar la portada de las últimas entregas de "El lado de Escila", a Echi por compartirme su gusto por la fotografía y a Ego, por procurar que no falte la coca-cola en el refrigerador.

Y también a ti, lector, compañero, confidente y escucha, que nuestra complicidad no termine antes del fin del mundo.

Toma un respiro

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