Combatimos con risas y lluvia de bolitas de papel bond la frustración del no poder escribir lo que se quiere decir al tercer intento. Ego tose un "ya, ya" que bien pudiera ser un reclamo para cesar de escribir. Para mentes tan tercas imposible. Apenas acabamos el aliento repasamos los apuntes corrugados no tanto por compresos como por inconsistentes. El primero es mío, es una carta que lleva las intenciones de no parecer un justificante psicológico con motivo de mi negligencia para el blog. Trataba en ella de exponer mi punto de vista acerca del punto de vista mismo. Me da risa. Con cautelas de adulto aplicado trataba de evitar argumentos infantiles para que mi negativa a dar una crítica cualquiera no llegara a tornarse un berrinche de niño miedoso. Grave error, todo adulto aplicado es en el fondo un niño miedoso. Así, las palabras que apilaba me fueron creando un vértigo tal que aferrado a su cima admití que lo era, que todo era una niñería y todo se veía tan tonto desde allí y ya no me importaba. Dicho sea de paso no era una cima tan alta, ya aquí abajo (bajo el escritorio, buscando un trozo de nota) llego a pensar en los toboganes de mi infancia. En fin, todos sabemos lo que ocurre con esos toboganes. Oh, nostalgia y desilusión...
El siguiente intento era un cuento de Ego. Pensando que no te sorprendería que la espontaneidad de nuestro regreso te plantara de pronto en materia fantástica puso manos a la obra con una historia que llamó "Acto Reflejo". Allí, bajo la mirada familiar de un chico desconocido, Joseline, una aspirante a instructora, viaja en autobús por las calles de Madrid donde una conjunción de acciones intempestivas le dan a entender que a raíz de todas ellas un suceso determinante está por ocurrir. Terminada está su redacción pero no alcanza la satisfacción de nuestra Ego, ni le alcanza la pluma para tanta mordida. Me permití escribirte al respecto pese a su insistencia en arrebatarme la nota. Conociéndola, así lo termina.
El último apunte fue mío. En él narraba mi regocijo al terminar la labor de diseño de este blog y cómo la madrugada nos llamaba a salir cantando Yoshimi Battles the Pink Robots (Pt 1) de casa en casa para celebrar. Ego me regañaba por mi falta de apetito y mis dietas de dos cigarros diarios con medio litro de coca-cola, mientras la convencía del poder de la abstinencia y la renuncia a las necesidades mundanas. Me llevaba ya el cigarro del triunfo a la boca cuando ella, con mirada inmutable, me preguntó ¿Y el contenido?
A partir de ese momento empezaron a condensarse los papeles y las ideas.
Aquí las tienes, tal y cómo deben decirse.